En un mundo donde la inteligencia artificial (IA) está ganando terreno, el uso de ciertas construcciones lingüísticas se ha vuelto cada vez más prevalente. Un reciente informe de Barron destaca cómo la frase “no es solo esto — es eso” ha proliferado en las comunicaciones corporativas, convirtiéndose en un patrón tan repetido que se ha ganado la categoría de indicativo de textos generados por IA. Esta observación no solo revela un cambio en la forma de comunicar las ideas, sino que también señala una tendencia más amplia en la manera en que las empresas optan por presentar sus mensajes al público, cada vez más dependientes de herramientas automatizadas para redactar sus textos.
El informe de Barron no solo retó a los comunicadores a reflexionar sobre su estilo, sino que también analizó datos de la firma AlphaSense, revelando un incremento asombroso de más del 400% en el uso de esta estructura en comunicados de prensa y presentaciones entre 2023 y 2025. Según este estudio, el uso de formulaciones que sugieren dualidad de significados dejó de ser una mera curiosidad lingüística para convertirse en un fenómeno casi universal en los entornos corporativos. Con este aumento, la construcción ha pasado de ser una herramienta retórica a un lenguaje casi estandarizado en el ámbito financiero y tecnológico.
Ejemplos concretos de esta tendencia emergieron claramente en diferentes comunicados de casas reconocidas como Cisco y Accenture, donde las afirmaciones no solo dotan de carácter a la narrativa, sino que transforman la forma en que los conceptos sobre la IA y la autonomía son percibidos. La manera en que se presenta la información, introduciendo el matiz de que algo no es solo un elemento sino también otro, parece buscar reafirmar la importancia de la tecnología en la vida empresarial contemporánea, resaltando sus múltiples dimensiones y potencialidades.
Sin embargo, tras esta aparente moda lingüística, se esconde una preocupación mayor sobre la influencia que las herramientas de IA han ejercido sobre los autores tradicionales y su estilo. La dependencia de la IA no solo se manifiesta en el aumento de esta construcción específica; también se extiende a la creación de guiones que identifican rápidamente los textos generados por algoritmos. Tal fenómeno cuestiona no solo la autenticidad del mensaje, sino también el respeto hacia el trabajo de los escritores cuyas voces son, en cierto modo, eclipsadas por las eficiencias –y las limitaciones– de la IA.
La invitación a reflexionar sobre el uso de esta construcción incesante abre la puerta a un análisis más profundo sobre cómo las empresas están manejando su comunicación en la era digital. El hecho de que esta frase se haya convertido en una marca distintiva de producción automatizada nos lleva a cuestionar no solo la sustancia de los mensajes, sino también las implicaciones éticas de emplear herramientas de IA sin el debido reconocimiento de los creadores originales. En definitiva, la próxima vez que una comunicación corporativa utilice esta estructura, podríamos preguntarnos: ¿es solo un estilo o un reflejo del futuro que estamos construyendo bajo el velo de la automatización?




